Le atribuyen a Petro la baja de Bendito Menor tras cuestionarla: así fue la contradicción
La controversia surge tras el reto lanzado por Cepeda el pasado 18 de abril, en el que invitó a Valencia y a Abelardo de la Espriella a debatir visiones de país. Sin embargo, lo que parecía un acuerdo inminente se ha estancado por las reglas de juego que el aspirante oficialista habría puesto sobre la mesa.
Paloma Valencia no ocultó su indignación ante lo que considera un intento de Cepeda por evadir el escrutinio. Según la senadora, el candidato del Pacto Histórico ha solicitado un formato donde no exista la figura del moderador activo, lo que en la práctica anularía la posibilidad de realizar contrapreguntas que pongan a prueba la coherencia de sus propuestas.
Valencia enumeró las supuestas exigencias de Cepeda:
Veto a temas: No querría hablar de seguridad, enfocándose solo en una agenda predefinida.
Exclusividad de tiempo: Habría solicitado más espacio de intervención que sus oponentes.
Veto a otros candidatos: Se habría opuesto a la participación de figuras como Sergio Fajardo o Claudia López, quienes han solicitado pista para integrarse al debate.
"Si así de exigente fuera negociando con bandidos, ya seríamos Islandia", sentenció Valencia en su cuenta de X, subrayando que, a pesar de considerar el formato como "amañado", sigue dispuesta a asistir para confrontar ideas.
Por su parte, Iván Cepeda ha mantenido su postura desde que lanzó el reto en Fusagasugá. Su argumento principal es que el debate debe elevar el nivel de la campaña, pasando de lo que él llama el "cómodo ejercicio de calumniar e insultar" por parte de la derecha, a un intercambio estructurado de modelos de desarrollo y equidad social.
Cepeda ha insistido en que su intención es debatir sobre propuestas de fondo y no caer en la confrontación personal que, según su visión, han promovido Valencia y De la Espriella. No obstante, el silencio sobre las críticas a las condiciones del debate ha alimentado las sospechas de la oposición sobre su disposición a enfrentar un cuestionamiento periodístico riguroso.
El tercer actor en esta discordia, Abelardo de la Espriella, también ha manifestado su interés en el encuentro, aunque alineado con la necesidad de que el debate sea abierto y sin censuras. Mientras tanto, el espectro político se divide: otros aspirantes presidenciales reclaman su derecho a la igualdad de condiciones, advirtiendo que un debate cerrado solo a los tres punteros actuales sesgaría la percepción del electorado.
Hasta el momento, no hay una fecha confirmada ni un medio de comunicación que haya logrado poner de acuerdo a las campañas sobre el manual de estilo y moderación que regirá este esperado encuentro.
El "Giro" de esta disputa radica en el miedo sistémico a la contrapregunta. Al rechazar la mediación de un moderador, Cepeda busca transformar el debate en una sucesión de monólogos donde el control del relato queda en manos del orador. Sin embargo, Valencia utiliza esta negativa para posicionarse como la candidata "sin miedo al escrutinio". Lo irónico es que, en la política colombiana de 2026, el debate ya no se gana con la mejor propuesta, sino con la capacidad de imponer quién puede preguntar y quién no. Si el debate se realiza bajo las condiciones de Cepeda, será un ejercicio de retórica; si se hace con moderador y contrapreguntas, será la verdadera prueba de fuego para un Pacto Histórico que busca revalidar su poder ante una oposición que no le dará tregua.
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